lunes, 11 de octubre de 2010

Y LA LIBERTAD DE EXPRESION

¿Y la libertad de expresión?Rodolfo Braceli | Columnista

¿Y la libertad de expresión?

10:19 | En los elefantes medios de des-comunicación es moda clamar por la “libertad de expresión”.
Qué curioso: esos medios, a través de sus columnistas estelares, estuvieron muuuy distraídos, durante décadas, en las que los periodistas conceptualmente estuvimos secuestrados por los intereses de un puñadito de empresas. ¿Qué dijeron sobre el real ejercicio de esa libertad adentro de esas empresas?
Por la Ley de Medios y por el Papel Prensa, la bandera enarbolada por la impunidad de los desmemoriados es que la “sagrada libertad de expresión” peligra. Caramba, o carajo, este repentino celo libertario evidencia que la desmemoria y caradurismo llegan a niveles pornográficos.
No pienso, desde esta intrascendente columna, hacerle el juego a la confusión de siempre. Se hace mirar la punta del dedo y no lo que el dedo señala. Ya que tanto gimen por libertad de expresión, ¿por qué los elefantes medios de des-comunicación no la ejercitan ya, ahora?
¿Cómo? Es alevosa la cero pelota que se da a un problema dramático, trágico, de hoy, aquí. Miles de páginas y horas de radio y de tevé para entretener –sensacionalismo encaretado–, con las peripecias de los mineros chilenos. La dictadura elegida del tiraje, del rating. ¿Quién se acuerda de los mineros de Río Turbio?
Los paladines de la “libertadora de expresión” nunca la usaron. Se cantan –en criollo: se cagan– en ella. Ejemplo del uso degenerado de esa libertad imprescindible: se realizó el Primer Encuentro de Pueblos Fumigados en la Universidad Nacional de Córdoba. Médicos de diez provincias, científicos e investigadores de universidades nacionales afrontaron un problema que afecta a más de 12 millones de habitantes de la patria sojera.
Comparemos el espacio que nuestros medios elefantes y periodistas estelares le dedican a este asunto con el que disponen para otros temas más “rentables”. Al encuentro lo pasaron casi por arriba, con rapidez obscena.
Intervinieron genetistas, biólogos moleculares, endocrinólogos y epidemiólogos avalados por la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba. Se documentaron cantidad de historias clínicas de niños malformados, bebés sin dedos, fetos muertos, abortos espontáneos. El jefe de Embriología Molecular de la Universidad del Noroeste, doctor Raúl Horacio Lucero, demostró la directa relación que hay entre centenares de casos y el uso masivo de plaguicidas y herbicidas.
Amalia Otaño, del Ministerio de Salud en el Chaco, planteó que en diez años los casos de cáncer en niños se triplicaron y las malformaciones en recién nacidos aumentaron 400 por ciento. Para afrontar esto lo primero sería prohibir las fumigaciones aéreas –algo “que ya se estableció en la Unión Europea”– y limitar las terrestres.
Se trata de un pequeño genocidio que muestra la hipocresía de los voceros de la “libertadura de expresión”. Esos medios elefantes, ¿por qué no la usan a esa libertad? ¿Por qué siguen llenándose los bolsillos publicitando agroquímicos? ¿Y la salud de millones?
En el periodismo las distracciones son más graves que la censura. Porque cuando nos distraemos o distraemos somos unos hijos de la indiferencia. Y la indiferencia es una forma de complicidad.
A veces nos distraemos con la paranoia (fomentada) de la inseguridad; no hace mucho con la gripe porcina-humana. ¿Y los temas esenciales? Uno de los asuntos mejor traspapelados por nuestros supermedios es el de la ecología con relación a la maldita bendita soja. Las investigaciones del Laboratorio de Embriología Molecular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y las del Conicet tienen apenas prensa, importan menos que un carajo.
Viva la soja. Viva la prosperidad del campo. Viva la Pepa y el Pepe.
Otra vez: ¿por qué no se usa la libertad de expresión para machacar sobre estos temas así como se machaca sobre la inseguridad generando sensación de fin del mundo?
Qué esperamos: Sobran las pruebas: el agrotóxico básico de la industria sojera produce variadas malformaciones. En la Universidad de Caen, Francia se descubrió que células de la placenta humana son muy sensibles al Roundup. La revista Chemical Research In Toxicology publicó estudios donde se demuestra que el Roundup es letal para las células humanas. El médico Alejandro Oliva coordinó una investigación en seis pueblos de la Pampa Húmeda. Conclusión: los pesticidas y solventes provocan la existencia de diferentes tipos de cáncer (pulmón, páncreas, mama, hígado, ovario, testículo y próstata).
Envenenamiento a rajacincha, raudo agotamiento de las napas de agua. De esto no se habla. Lo ocultado no existe para las conciencias eructantes.
En la Mesa de Enlace hay cuatro sillas. Pero siempre le faltaron dos sillas. La del representante de los laburantes, los cientos de miles que trabajan como negros, y en negro. Y la del representante de los intereses sanitarios y ecológicos.
Preguntas a los señores de la Mesa de Enlace, con el dulce Biolcati y el vociferante Alfredo De Ángeli a la cabeza: ¿alguna vez expusieron preocupación por la salud de las poblaciones anónimas, o por la devastación del suelo? ¿Se enteraron de esos chicos usados como “banderas” y rociados por los avioncitos que cubren hectáreas de plaguicidas? Silencio: estos sumos señores sólo hablan de sus feroces intereses económicos. Los demás que revienten.
Tal vez resulta ingenuo, desopilante, esperar que los señores de la Mesa de Enlace se preocupen por la salud de los laborantes. Ellos son una punta de señores muuuuy religiosos. Veneran al Dios del Dinero. Se han erigido en máximos hacedores de la patria. Encima, dueños de la escarapela.
La pregunta vuelve: ya que tanto importa la “sagrada libertad de expresión”: ¿por qué no se la usa para salvar miles de vidas? ¿Y por qué, durante décadas, no dijeron nada sobre el ejercicio acogotado de esa libertad adentro de las superempresas?
Va de nuevo: en el periodismo las distracciones son más graves que la censura. Los distraídos son unos hijos de la indiferencia. Indiferencia, sinónimo de complicidad. Complicidad, sinónimo de crimen perfecto. Oíd mortales.

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